Josephine Mutzenbacher

mayo 23, 2006

Capítulos 1, 2, 3 y 4

1
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...Se dice que las prostitutas jóvenes se convierten con el paso del tiempo en religiosas viejas, pero tal no fue mi caso. Me convertí en prostituta a muy temprana edad, y experimenté todo lo que puede experimentar una mujer en la cama, en las sillas, sobre las mesas y los bancos, de pie y contra las paredes, tendida en la hierba, en oscuros corredores, en alcobas privadas, en vagones de ferrocarril, en fondas, en la cárcel, en todos los lugares que imaginarse pueda. De nada puedo lamentarme, sin embargo. El tiempo ha hecho mella en mí, y el gozo que me proporcionaba el sexo se esfuma con rapidez. Soy rica, pero estoy marchita y a menudo me siento sola. Pero así y todo, no albergo la menor intención de arrepentirme.
...Debo a mi cuerpo saludable la fortuna de haber salido de la miseria y las faenas pesadas. Sin mi experiencia juvenil y el despertar prematuro de la pasión sexual es indudable que hubiese sucumbido, como muchas de mis compañeras, o habría muerto como galopina en alguna casa.
...Antes al contrario, adquirí una buena educación gracias a mi vida de prostituta, ya que me llevó a frecuentar hombres educados que ampliaron mi criterio y me ilustraron.
...Me libré de la vida que llevan los campesinos viles e ignorantes, por la que no deben ser culpados, ya que no conocen nada mejor, pero de la que tan a menudo se les acusa. Sin embargo, yo he visto el mundo bajo otro prisma, lo cual debo agradecer a mi vida como prostituta, vituperada con frecuencia por la sociedad.
...Escribo mis memorias sin otra finalidad que la de olvidar mi soledad y el exponer a la luz pública la verdad acerca de mis peripecias, que al final me llevaron a adoptar mi vida actual. Creo que esto es mucho mejor que acudir al sacerdote a confesarme, lo que podría complacerle a él y cansarme a mí. Considero también que hasta ahora no se ha impreso una biografía como la que yo estoy escribiendo. Los libros que he leído no me dicen nada acerca de los hechos reales, tal como en realidad ocurren en la vida.
...Estoy segura de que estoy realizando una labor útil al describir los actos de nuestros hombres ricos, a quienes se les llama refinados, pero que inducen a las jóvenes como yo a cometer toda clase de actos reprobables y bochornosos; al relatar las impresiones de una joven que tuvo una experiencia concreta como la mía, y al narrar los hechos reales tal como a menudo ocurren.
...Empiezo, pues…
2
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...Era mi padre un hombre humilde, un talabartero de la ciudad de Josef. Vivíamos en una casa de vecindad, en los alrededores de Ottakring; la casa rebosaba de inquilinos pertenecientes a las clases más pobres, todos tenían muchos hijos, y los niños habían de jugar en los corrales interiores, demasiado exiguos.
...Tenía dos hermanos mayores. Mi padre, mi madre y nosotros tres ocupábamos dos habitaciones, además del comedor y la cocina; alojábamos también a un huésped.
...Los demás inquilinos, tal vez unos cincuenta, se mudaban con frecuencia. A veces lo hacían sin problemas, aunque no eran raras las peleas. Muchos desaparecían y no volvíamos a saber de ellos.
...Recuerdo con claridad a dos de nuestros huéspedes. Uno era aprendiz de cerrajero; tenía los ojos negros y melancólicos. Su rostro siempre estaba lleno de mugre y hollín, y los niños le teníamos mucho miedo. Era un hombre callado y taciturno.
...Una tarde llegó a la casa cuando me encontraba sola. Yo tenía entonces apenas cinco años. Mi madre y mis hermanos habían ido a Furstenfeld y mi padre estaba aún en el trabajo.
...El cerrajero me izó en sus brazos y me puso en su regazo. Hice un puchero, pero me dijo en voz baja:
-Cálmate, no te voy a hacer daño-. Me echó de espaldas, me levantó la falda y me “examinó”.
...Me horrorizó que me viera desnuda mientras me tenía en su regazo, pero me quedé absolutamente inmóvil. Poco después, cuando oyó que llegaba mi madre, me puso en el suelo y se fue rápidamente a la cocina.
...Unos días más tarde volvió a llegar temprano a casa. Mi madre estaba a punto de salir y le pidió que cuidara de mi en su ausencia, encargo que aceptó con alegría.
...Tan pronto como mi madre se alejó, el pícaro me puso una vez más sobre sus rodillas y empezó a examinar mis desnudas partes íntimas. Sin pronunciar una palabra se limitó a observar una y otra vez mis delicados órganos genitales. Yo no osaba decir nada. Fueron muchas las ocasiones en que aquel hombre repitió la operación. Era natural que a mi edad no tuviera la menor idea de su significación, y no volví a pensar en el asunto. Hoy veo las cosas de otro modo y hay veces que considero a ese individuo como mi primer amante.
****
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...Mis dos hermanos, Franz y Lorenz, tenían caracteres muy distintos, Lorenz, cuatro años mayor que yo, era tranquilo, industrioso y devoto. Franz, sólo año y medio mayor que yo, era exactamente lo opuesto: alegre, descuidado y mucho más afectuoso conmigo que mi otro hermano.
...Había ya cumplido siete años cuando, un día, con Franz fui a visitar a los hijos de un vecino, que siempre estaban solos. Su madre había muerto y el padre estaba siempre trabajando.
...Anna, la menor, era entonces una niña de nueve años, pálida, delgada, de cabello rubio y labio leporino. Su hermano Ferdl tenía trece años y era un chico robusto, también rubio, de mejillas sonrosadas y anchas espaldas.
...Jugábamos inocentemente cuando Anna sugirió:
-Juguemos ahora al papá y la mamá.
...Su hermano rió y dijo:
-Siempre quiere jugar al papá y la mamá.
...Anna insistió y dirigiéndose a mi hermano dijo:
- Tu serás el señor y yo seré tu esposa.
...Ferdl intervino y tomándome del brazo declaró:
- Pues yo seré el hombre y tú mi esposa.
...Anna cogió dos fundas de almohada e hizo dos muñecas de trapo; me alargó una diciéndome:
-¡Aquí tienes a tu hijo!
...Empecé a abrazar y acariciar la muñeca, pero Anna y Ferdl, se rieron de mí diciendo:
-Así no es el juego. Primero has de hacer el bebé, después tienes que quedar embarazada, y por último debes hacer que nazca el niño. Sólo entonces podrás acariciarlo.
...Yo ya había escuchado varias veces decir a la gente que una mujer “estaba esperando” y que poco después tendría un bebé. Hacía mucho tiempo que no me convencía lo de la cigüeña, y cuando veía a una mujer con el vientre prominente suponía lo que eso quería decir. Pero ignoraba la realidad de los hechos, al igual que mi hermano Franz.
...En consecuencia Franz y yo nos quedamos perplejos e inmóviles, sin saber si continuar o no con el juego. Pero Anna se paró frente a Franz y señalándole la bragueta, dijo:
-¡Anda, sácate el “rabo”!
...Y diciendo esto procedió a desabrocharle el pantalón y sacarle la colita, mientras Ferdl y yo observábamos; él divertido y yo sorprendida, intrigada y algo furiosa (aunque me embargaba una extraña sensación que nunca había experimentado).
...Franz se quedó inmóvil como una estatua, sin que pareciera darse cuenta de lo que estaba sucediendo, mas al sentir el contacto su mínimo instrumento se puso rígido y erecto.
-Ven conmigo- escuché que decía Anna en un susurro, y a continuación se tendió de espaldas sobre el piso, se alzó las faldas y abrió las piernas.
...Ferdl me cogió a mí y dijo:
-Acuéstate.
...Casi al momento sentí su mano entre mis piernas. Me acosté de buena gana y me levanté las faldas, tal como lo había hecho Anna. Ferdl frotó su impetuoso azadón contra mi virginal surco.
...Me eché de a reír por las cosquillas que me produjo al restregarme el vientre, los muslos y el cuerpo. Respiraba anhelante, y se apoyaba pesadamente sobre mi pecho. Todo esto me parecía una tontería, aunque nació en mí una extraña sensación que no puedo describir y que me inducía a permanecer acostada.
...De pronto Ferdl pegó un salto, y yo también me puse de pie. Me mostró su instrumento, que tomé con la mano. En la punta observaba una gotita de líquido.
...Ferdl retiró el diminuto y suave capuchón de carne que le cubría el venablo, y dejó al descubierto una cabecita roja. Hice subir y bajar varias veces el capuchón, y pensé que era muy divertido ver que la cabeza aparecía y desparecía, como si fuese la de algún animal.
...Anna y mi hermano seguían tendidos en el piso, y observé que Franz se movía frenéticamente hacia delante y hacia atrás. Sus mejillas habían enrojecido y respiraba con dificultad, igual que Ferdl. Anna estaba desconocida. Su pálido rostro había adquirido color, y al verla con los ojos cerrados temí que estuviera enferma. Pero de pronto ambos se quedaron inmóviles; siguieron acostados por unos instantes, uno sobre el otro, hasta que finalmente se levantaron.
...Nos sentamos juntos un rato. Ferdl había metido su mano bajo mi falda y me tocaba la “cosita”; Franz hacia lo mismo con Anna. Yo había cogido el “miembro” de Ferdl con la mano, igual que Anna el de mi hermano y todo me resultaba delicioso. Ya no sentía cosquillas, pero me producía una agradable sensación que parecía recorrer todo mi cuerpo.
...Anna interrumpió este aspecto del juego, me dio una de las muñecas y se quedó con la otra. Nos las colocamos bajo las faldas, entre las piernas.
-Ahora estamos “esperando”- me explicó Anna.
...Nos reímos y andamos de un lado a otro de la habitación con el vientre abultado. Después “dimos a luz” a nuestros hijos, los acariciamos y se los mostramos a nuestros respectivos “maridos” para que pudieran admirarlos. El juego prosiguió así un tiempo.
...Anna tuvo entonces la idea de que deberíamos amamantar a nuestros hijos. Se desabotonó el corpiño, abrió su camisa y acercó el bebé al pecho. Tenía un par de globos de buen tamaño, con grandes pezones con los que su hermano pronto empezó a jugar. Al verlo, Franz lo imitó, pero se quejó de que yo no tuviera “tetas” todavía.
...A continuación Ferdl nos explicó lo que acababa de ocurrir. Descubrimos que lo que habíamos realizado era lo que se llama un “acto sexual”, y que nuestros padres hacen lo mismo en la cama, a consecuencia de lo cual, las mujeres se convierten en madres. Ferdl parecía muy enterado y nos dijo que nuestras hendiduras continuarían creciendo sin abrirse, por lo que él y Franz no habían podido hacer otra cosa que frotar sus “rabos” por fuera, sin poder introducirlos. Nos dijo también que cuando creciéramos tendríamos gran cantidad de vello en ese lugar. Me resistía a creerle, pero Anna afirmó que Fred lo sabía todo, y que era cierto, pues lo había probado con la señora Rhinelander en el desván, y que al hacerlo había podido introducir libremente el “rabo” en el “hoyo”.
...La señora Rhinelander era la mujer de un conductor de tranvías, y habitaba en el último piso de nuestro edificio. Era una mujer bajita y de piel morena, delicada y bonita, y siempre se mostraba afable. Ferdl nos contó sobre ella la siguiente historia.
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3

-La señora Rhinelander –dijo Ferdl- venía de hacer su colada y se dirigía al desván con una cesta rebosante de ropa. Al pasar por mi lado me dijo:
-Ven aquí Ferdl, eres un chico fuerte y podrás ayudarme a llevar la cesta al desván.
...Y así fue como le ayudé con la cesta. Cuando llegamos al desván me dijo:
-Y ahora ¿qué deseas por haberme ayudado?
...Le respondí que nada, pero ella insistió:
-Ven, te enseñaré algo.
...Puso mis manos sobre sus tetas, y dijo:
-¿Verdad que es bonito?
...Adiviné en seguida lo que ella deseaba, porque yo había fornicado a menudo con Anna.
...Todos escuchábamos atentamente el relato de Ferdl; Anna asintió con la cabeza, confirmando así que ambos fornicaban a menudo. Ferdl continuó:
-No temía ir demasiado lejos, así que seguí jugando con sus tetas; se desabotonó el corpiño y pude jugar aún mejor con sus pechos desnudos. Me cogió después del pene y dijo riéndose:
-Si prometes no decírselo a nadie, te dejaré hacer algo más.
-Me senté en su regazo y me advirtió otra vez que no dijera nada; yo le prometí que me quedaría callado; apartó a un lado la colada, me subió sobre ella, y colocó mi cosa en su gran hendidura, hasta el fondo. Me preguntó si me gustaba, a lo que respondí que sí, que mucho. Entonces se puso a menearse como una loca arriba y abajo mientras yo seguía jugando con sus tetas. Cuando terminó se puso de pie de un salto, se abotonó el corpiño y me dijo iracunda:
-¡Largo de aquí, tunante, y si se lo cuentas a alguien te abriré la cabeza!
...Ferdl dejó de hablar y Anna preguntó:
-¿Crees que ya podrías metérmela toda?
...Ferdl la miró. Anna sostenía aún la muñeca de trapo cerca de su pecho desnudo. El tendió la mano y empezó a jugar con ella. Anna insistió:
-Inténtalo un poquito y jugaremos de nuevo a “papás y mamás”
...Franz fue hacia ella; después de las lecciones recibidas y lo que acababa de escuchar, yo deseaba empezar otra vez. Pero Anna dijo:
-¡No! Ferdl será ahora mi marido y Franz el tuyo.
...Se acercó a su hermano, le desabrochó los pantalones, le sacó el “rabo” e hizo subir y bajar el prepucio; mientras tanto, mi hermano entreabría con su dedo mi hendidura. Yo había aprendido cómo se hacía y me acosté a la vez que llevaba su “rabo” a mi “ranura”. Cuando penetró la sensación que me produjo resultó tan agradable que empecé a mover mi cuerpo con todas mis fuerzas, hasta que Franz se “vino”. Cayó exhausto sobre mí y se quedó inmóvil, permaneciendo así los dos unos minutos.
...Ferdl y Anna discutían. El se hallaba todavía tendido encima de ella, quien le rodeaba el cuerpo con las piernas de forma que sus pies se tocaban.
...Ferdl decía:
-Entrará perfectamente.
...Anna replicó:
-Sí, pero duele. Párate que duele.
...Pero Ferdl le dijo que se estuviera quieta, que sólo la lastimaría un poco al principio.
...Franz y yo nos agachamos para asegurarnos de que Ferdl lo había metido en realidad. Nos sorprendió ver la hendidura de Anna tan abierta. Ferdl había conseguido meter la cabeza y parte del “rabo”, y movía el cuerpo adelante y atrás. De pronto el “instrumento” se salió del todo.
...Tendí la mano y lo coloqué para que entrara de nuevo, pues no quería privarme de aquella diversión. Observé que la hendidura de Anna había adquirido un color rojo brillante. Ferdl trató una vez más de penetrar, pero Anna empezó a gritar, hasta que, alarmados, desistimos de nuestro empeño.
...Más tarde traté de que Ferdl me tomara de nuevo. Estaba muy excitado, pero yo estaba dolorida y se hacía tarde, de manera que interrumpimos el juego y nos fuimos a casa.
...Mientras regresamos, Franz y yo no cruzamos una palabra. Vivíamos en el último piso de la casa de vecindad, junto a la señora Rhinelander. Al llegar la vimos charlando con un vecino. Nos detuvimos a mirarla y al volverse, ambos nos reímos escandalosamente y corrimos a refugiarnos en nuestra casa.
...A partir de ese día miré a los niños y a los grandes bajo una luz distinta. Aunque tenía siete años, había saboreado el fruto prohibido y mi condición de mujer sufrió una transformación maravillosa, que se reflejaba en mis ojos y en mi aspecto general. Mi rostro, mi boca y mi forma de andar debían de haber sido un desafío para que los hombres se apoderaran de mí. Sólo de esa manera pude existir para los hombres, ya que en el instante mismo en que me conocían, deseaban apoderarse de mí, olvidando toda precaución.
...Incluso hoy pasa lo mismo. Pese a ser una mujer madura, estar muy lejos de ser bella y tener un cuerpo marchito, conozco hombres que al verme se excitan y no pueden apartar los ojos de mi cuerpo.
...Pero volvamos al relato.
...Pocos días después de los acontecimientos narrados, Franz empezó a preguntarle a Lorenz si sabía de dónde venían los niños y si sabía como se hacían. Lorenz respondió:
-A lo mejor tú sí lo sabes.
...Franz y yo nos reímos. Le saqué el “rabo” y se lo froté con suavidad. Lorenz lo observaba con aire solemne, y Franz empezó a hacerme cosquillas en el “gatito”. Nos echamos en la cama para empezar el juego, que mi hermano había aprendido tan bien gracias a las instrucciones de Anna y su hermano. Lorenz no decía nada, pero cuando me acerqué a él y le cogí el “rabo” para que me tocara, me rechazó con un empujón y me dijo:
-Ya aprendí a joder hace bastante tiempo; no supondrías que iba a esperarte, ¿verdad? Pero es un gran pecado que lleva irremisiblemente al infierno.
...Franz y yo nos alarmamos mucho, y replicamos que no era cierto.
-¿Crees que papá y mamá irán al infierno? –le pregunté.
...Lorenz no supo responderme, por lo que se nos fue el temor, y empezamos a burlarnos de él. Nos amenazó con decírselo a nuestro maestro, el suplente del cura, a menos que prometiéramos no hacerlo más. Pero cuando se ha probado, nada hay que haga que no se desee de nuevo.
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...Visitábamos con frecuencia a Anna y Ferdl, y siempre nos divertíamos con el mismo juego. Ferdl Visitábamos con frecuencia a Anna y Ferdl, y siempre nos divertíamos con el mismo juego. Ferdl me jodía primero a mí, al tiempo que Franz tomaba a Anna, quien después lo hacía con su hermano, por lo que yo terminaba acostada con el mío. Casi cada día disfrutábamos con nuestros juegos. Nuestro principal tema de conversación y nuestro anhelo era poder hacerlo con una persona mayor: Anna y yo queríamos un hombre, y Franz deseaba joder con la señora Rhinelander. Un día en que fuimos a visitar a Anna y Ferdl, nos encontramos con que tenían compañía: una prima de trece años llamada Mizzie, y su hermano Polde de once.
...Mizzie era una chica muy bonita y perfectamente desarrollada. Sus pechos eran duros y fiemes, y destacaban bajo la blusa como dos manzanas.
...La conversación derivó pronto hacia nuestro juego. Polde presumía de la gran cantidad de vello que tenía su hermana en el “gatito”. Le alzó la falda y vimos con sorpresa que un fino vello la cubría la región triangular donde nosotros no teníamos nada todavía. Polde le descubrió los pechos, que contemplamos admirados, y se puso a acariciarlos.
...Mizzie se excitó enseguida, cerró los ojos y buscó con sus manos a Franz y su hermano. Ambos colocaron sus respectivos “rabos” en sus manos, y Ferdl empezó a juguetear con su “gatito”. Mizzie se arrojó sobre la cama y exclamó:
-¡Polde! ¡Ven! ¡No resisto más!
...Su hermano se precipitó sobre ella sin perder un instante. Ferdl puso su pajarito sobre la mano de la chica, y Anna se encargó de Franz.
...Con gran sorpresa observé que Polde besaba a su hermana: no sospechaba que el beso formara parte del juego que me fascinaba. Vi también que Polde no dejaba de jugar con las tetas de la joven mientras yacía sobre ella, viendo cómo se le endurecían los pezones. Le palpé la entrepierna para ver si era verdad que había penetrado en ella, y descubrí que era cierto. ¡Esto era joder en serio! ¡Qué gran experiencia para una prostituta de siete años!
...Mi excitación aumentó cuando comprobé con mi propia mano que su miembro, mucho más grande que el de Franz o el de Ferdl, se hundía en el vientre de la chica hasta desaparecer por completo, para volver a salir y entrar de nuevo. Pero lo que más me asombró fue la actitud de Mizzie, que se retorcía como una loca y gritaba:
-¡Más rápido! ¡Más rápido! ¡Todavía más…! –hasta que finalmente exclamó: -¡Oh, fue delicioso!- y Polde sacó su “rabo” y se apartó de ella.
...Franz y Ferdl se acercaron a la joven, que permanecía tendida con las piernas muy abiertas, sonriendo al exhibir sus muslos y sus pechos desnudos. Ferdl y Franz discutieron sobre quién sería el que la follaría.
...Mizzie puso fin a la disputa al tenderle la mano a Franz, diciendo:
-Primero el más pequeño.
...Franz se tiró encima de ella y empezó a frotar su instrumento contra la chica, tal y como lo hacíamos los pequeños, pero Mizzie lo detuvo, le cogió el “rabo” con la mano y se lo colocó de tal forma que con un empujón se lo metió dentro. Franz estaba tan admirado que se quedó absolutamente inmóvil, sin creer lo que había pasado.
...Mizzie puso todo su empeño en la tarea, retorciéndose de un lado para otro y moviéndose arriba y abajo. Pero cuando empezó a menear el trasero, el mínimo instrumento de Franz se salió. No era capaz de hallar el camino sin ayuda, la cual le presté; yo tenía lista la mano para empujarle cada vez que amenazaba con salirse. Había una nueva dificultad: Mizzie insistía en que Franz le tocara las tetas; pero cada vez que lo hacía se olvidaba de joderla. Y cuando Mizzie le recordaba una cosa, se olvidaba de la otra. No había modo de que hiciera ambas cosas a la vez.
-Muy mal –dijo ella-; no sabe a nada.
...Ferdl, que aguardaba impaciente su turno, se puso al fin a jugar con las tetas, oprimiéndoselas y besando los pezones hasta que se endurecieron, librando a Franz de la mitad del trabajo. Este, mientras tanto, se esforzó hasta lograr una ejecución aceptable, de la que Mizzie parecía disfrutar mucho, excitándose cada vez más, y exclamando repetidas veces:
-¡Oh, qué delicioso es tu “pájaro”!
...De pronto se agitó con violencia, hacia delante y hacia atrás, rechinó los dientes y estrechó a Franz contra su pecho. Por último se desplomó hacia atrás, lanzó un profundo suspiro y cerró los ojos. Se quedó inmóvil, y poco después Franz se puso de pie. No había terminado de hacerlo cuando Ferdl con la verga empinada se colocó de un salto entre las piernas de Mizzie, que se mostraba ansiosa por recibirlo. Le ayudé a encontrar el lugar, y de paso le toqué sus “huevitos”. Así pude ver y sentir las veces que él penetraba en ella. Ferdl explicó que era igual lo que había hecho con la señora Rhinelander. Demostró su habilidad en la tarea, y a medida que subía y bajaba la cama empezó a crujir y la respiración de Mizzie se hacía más rápida y entrecortada. De pronto experimentó otro espasmo, jadeó, gimió y se derrumbó como hubiera sufrido un desmayo.
...Anna y yo decidimos que ahora nos tocaba a nosotras. Ella se arrojó al punto sobre el lecho, llamando a Polde, por el que parecía tener un gran interés. Pero éste se hallaba ocupado de nuevo con las tetas de su hermana, que oprimió con las manos hasta que tomó los pezones con la boca y empezó a mamarlos. Mizzie contemplaba divertida aquella maniobra y se puso a juguetear con el instrumento de su hermano, mientras Anna yacía impaciente en la cama, esperando lo que no iba a ocurrir. Poco después alzó Polde el vestido de Mizzie, y aunque estaban de pie, le enterró de nuevo la espada. La jodía con tal violencia que el armario sobre el que se apoyaban se tambaleaba. Como no sabíamos que pudiera hacerse de pie, observábamos con asombro esta nueva hazaña.
...Cuando Polde terminó, Franz estaba otra vez en forma. En esta ocasión su ejecución fue superior, ya que había aprendido con rapidez el juego. Mizzie siguió entonces con Ferdl, y con esa fueron seis las veces que la habían follado sin dejar de disfrutar ninguna, ni mostrar señales de fatiga.
...Anna se dirigió una vez más a Polde, y le aseguró que se la podría meter sin tener que frotarla por fuera como lo había hecho antes. Polde introdujo su mano bajo el vestido de Anna y empezó a meterle el dedo en la ranura, pero afirmó que estaba seguro de que todavía no podía entrar.
...Anna, sin embargo, no lo dejó retirarse; lo tomó por el “pájaro” y empezó a jugar con él. Pero sus esfuerzos resultaron vanos: el agotado miembro pendía fláccido y blando.
...Yo, mientras tanto, me había puesto a jugar con Ferdl, pero no pude despertar en él pasión alguna; se limitó a dejarme hacer, si bien me palpó las tetas, que eran notables por su ausencia, y dijo:
-Es una lástima que no tengas tetas como Mizzie.
...Por fin me vi obligada a desistir de la empresa, sin haber logrado que me diera satisfacción. Busqué a Franz, pero observé que se hallaba de nuevo con Mizzie. No la jodía, pero no cesaba de tocarle las tetas. Tendí la mano hacia sus pantalones, y descubrí que su artefacto había adquirido de nuevo un buen tamaño. ¡Pero me pidió que le ayudara a metérselo de nuevo a Mizzie! Como me negué se las ingenió para encontrar solo el camino. Esta era la séptima vez que lo hacía Mizzie, pero su fatiga era evidente y tardó media hora en terminar otra vez.
...Tanto a Anna como a mí se nos negó el placer de ser jodidas un poquito, por lo cual nos sentíamos muy incómodas. Regresé a casa agobiada por la tristeza, maldiciendo a Mizzie, al vello de su “gatito” y a sus grandes tetas. No obstante, en pocos días, todo cayó en el olvido, ya que Mizzie y su hermano rara vez visitaban a sus primos, ya que vivían algo lejos. Anna y yo, por supuesto, continuábamos disfrutando con nuestros compañeros. Terminamos por dejar de lado el viejo juego de “papás y mamás” dedicándonos a fornicar cuando se nos antojaba, igual que lo habían hecho Polde y su hermana: sentados, acostados, de pie, y en todas las posiciones que se nos ocurrían.
...Durante todo el verano continuamos nuestros juegos. Nuestros amigos se mudaron y no volví a ver a la rubia Anna durante mucho tiempo. Sin embargo, en el próximo capítulo, relataré un suceso que ocurrió antes de la despedida.
4
...Mizzie y Polde fueron a visitar un día a sus primos Anna y Ferdl. Les acompañaba Robert, joven de unos quince años; era aprendiz de artesano y su desarrollo físico era grande para su edad.
...Robert se erigió en seguida como cabecilla de nuestros juegos, y cuando nos mostró su “polla” vimos que tenía alrededor una buena cantidad de vello. Las tres chicas nos pusimos enseguida a jugar con su aparato sintiendo un singular y delicioso estremecimiento al sentir como pulsaba. Estábamos sumamente felices y excitadas por poder manipularlo, pues era el más grande que habíamos visto con una gran diferencia.
...Fue Mizzie la primera en pedirle que la jodiera, pero él contestó:
-No, la primera a la que voy a joder es a Pepita.
...El sentimiento de orgullo que aquellas palabras me produjeron, perdura en mi recuerdo. Me precipité a la cama y allí me tendí de espaldas; desnudándome, separé las piernas.
...Robert, entonces, se acercó a la cama, palpó mi “gatito”, lo examinó y dijo:
-No podré entrar, querida, sólo te joderé por afuera.
...Mizzie exclamó:
-Claro. Ni siquiera tiene pelos todavía. Jódeme a mí. Yo sí que puedo resistir que me la metas entera.
...Se tiró a la cama intentando echarme fuera, pero Robert intervino:
-No, voy a joder a Pepita.
...Como es de imaginar, quedé paralizada. Miré a Robert, cuyo rostro había enrojecido; me puso el dedo en la “raja” y empezó a frotarme hasta que mi deseo y mi pasión llegaron a un extremo que nunca antes había sentido.
...Robert paró en su actividad, meditando durante algunos minutos; a continuación declaró:
-¡Te enseñaré algo!
...Entonces llamó a Anna, quien también se subió a la cama y se tendió al lado de la pared. Quedamos las tres sobre la cama, yo en medio y Mizzie al otro lado. Entonces subió Robert, pero no se colocó sobre mí, sino que me dijo que me diera la vuelta.
...Me tendí sobre el vientre y él procedió a descubrirme el trasero. Le indicó a Anna que se colocara a la cabecera de la cama, de tal forma que sus muslos quedaron cerca de mis hombros y a continuación le descubrió la vulva.
...A Mizzie le ordenó que se descubriera los senos. Ella se desabrochó el corpiño y se quitó la camisa, y observé que sus pezones estaban duros y resaltaban con firmeza.
...Robert me alzó y me colocó bajo el vientre una almohada, quedando mi trasero un poco elevado; me pidió que mantuviera mis piernas bien apretadas y desde esta posición metió su venablo hasta que lo sentí rozar suavemente mi “gatito” por entre mis nalgas.
...Fue acometiéndome una y ora vez; una agradabilísima sensación recorrió todo mi cuerpo. De pronto me encontré gimiendo con Mizzie y empecé a subir y bajar el trasero para acoplarme al ritmo de sus movimientos. Tenía la cara oculta por la almohada en la que me apoyaba, por lo que no veía nada; pero entre las piernas experimenté la más placentera sensación.
...Oía que Anna y Mizzie también gemían y respiraban con fuerza. Levanté la vista, y vi cómo Robert jugaba con la hendidura de Anna usando su mano izquierda, cosa que debía resultarle sumamente placentera, ya que se movía hacia delante y atrás con gran vigor. A la vez, su mano derecha se ocupaba de los pezones de Mizzie, acariciándoselos a la vez que se le ponían duros y aumentaban de volumen.
...Mizzie gritó de pronto:
-¡Oh!... ¡Que alguien me joda…! Alguien debe follarme… ¡Franz!... ¡Ferdl!... Por favor… Franz fóllame… ¡Oh!... ¡Ven!... ¡Ven!...
...Lo tomó por su polla y lo atrajo hacia ella. Entonces Franz se tendió junto a Robert y la acometió con todas sus fuerzas, mientras éste le ayudaba acariciando los pezones de la chica. No obstante Mizzie no estaba satisfecha. Tendió de nuevo su mano y esta vez cogió la verga de su hermano Polde. Su excitación era tal que empezó a chupar el pequeño “rabo”.
...Así, llegó el momento en que Ferdl no pudo resistir más. Se acercó a su hermana y le invadió con su polla la boca. Esto pareció excitarla aún más y empezó a lamer y chupar el rígido y pequeño instrumento.
...Así fue cómo los siete estábamos ocupados.
...Robert continuaba entrando y saliendo de entre mis piernas lentamente mientras mi sensación se hacía más maravillosa y placentera. De repente Robert aceleró su ritmo meneándose con más y más rapidez, hasta que después de una violenta sacudida, sentí sobre mi vientre algo húmedo y caliente.
...Tan grande fue mi susto que lancé un grito. Robert no dejó de moverse y la cálida substancia se extendía por mi vientre.
-Para! Algo está ocurriendo aquí delante –dije.
...Pero él no paró al tiempo que decía:
-Quieta, estoy descargando.
-Te estás meando encima de mí –protesté.
-No, en absoluto. Lo que pasa es que me estoy “corriendo” –dijo.
...Cuando acabó, se puso de pie al igual que el resto del grupo, que se separó; ante el fenómeno de la descarga de Robert, nuestra curiosidad era manifiesta. El nos dijo que Franz, Ferdl y Polde eran todavía muy jóvenes y que no podrían correrse hasta que el vello les naciera en el vientre y alrededor del instrumento.
-¿Por qué ocurre eso? –preguntó Mizzie.
...No la hicimos caso porque tanto los otros chicos como yo queríamos ver a Robert descargándose de nuevo. Se lo propusimos y él aceptó de buena gana.
-Pero seréis vosotros los que lo consigáis con las manos.
...Como no sabíamos cómo se hacía él nos enseñó. Se sentó en una silla y empezó a estirar su instrumento. Cuando lo hubimos aprendido, establecimos unos turnos. Mizzie se lo colocó por último en su húmeda boca y empezó a chuparlo. Estaba tan excitada que se lo metió entero.
...Por fin me llegó el turno. Sin pensarlo, fruncí los labios y me lo metí en la boca como había visto que ella lo había hecho. Tuve una sensación en mi hendidura, y me di cuenta que aquello era como fornicar otra vez.
...La siguiente a mí fue Anna, pero casi no tuvo tiempo de nada, pues Robert empezó a lanzar chorros. Esto la hizo pegar un salto hacia atrás y escupir lo que había recibido en la boca. Robert tomó su miembro y fue estirándole hasta que se corrió del todo. Con cada sacudida lanzaba gotas de un líquido blancuzco; tanto era su fuerza que una de las más grandes me alcanzó en pleno rostro. Aquel fenómeno hacía que todos estuviéramos sorprendidos y muy excitados.
...Anna se apoderó de Robert y graciosamente le suplicó:
-Y ahora: ¿harás el favor de joderme?
...Pero la polla de Robert estaba fláccida y exhausta.
-No podré hacerlo; no se me empinará de nuevo.Mizzie parecía como loca, se sentó entre las piernas de Robert, se metió en la boca el blando aparato y empezó a chuparlo con fuerza diciendo:
-Si consigo que se te empine, ¿me joderás?
...Franz, Ferdl y Polde, deseaban ensayar el maravilloso descubrimiento de la “chupada”, así pues Anna y yo iniciamos la tarea. Era más fácil con ellos pues sus pollas eran más pequeñas y delgadas que la de Robert. Yo me ocupé de Ferdl y Anna de mi hermano.
...Ferdl estaba excitadísimo, empujó su arma hasta mi garganta de forma que lo tenía entero en mi boca. Lo metió y lo sacó varias veces, hasta que se “corrió”. Sentí una gota cuando se descargó a la vez que la sensación entre mis piernas como si lo tuviera allí dentro. Debo haberme “venido” al mismo tiempo –pensé-. Pero la sensación fue indescriptible.
...Mantuve el trasto en mi boca hasta quedó fláccido. Como Anna y Franz no habían acabado, me dediqué a Polde que esperaba con gran excitación. El ya lo había experimentado anteriormente con su hermana, por lo que era todo un experto.
...Se apoderó de mí todo un hormigueo, y me embargó una sensación tan placentera que no podría describir. Con la lengua “repasé” la cabeza del miembro, lo que hizo de Polde que se corriera al momento. Con las manos me sujetaba la cabeza y empujaba su polla en mi boca. A la vez que sentía las pulsaciones de su espléndido tallo, me recorrió tan aguda sensación que no abandoné mi ocupación hasta que no noté su flaccidez.
...Gracias a su trabajo paciente y a sus lamidas, Mizzie había conseguido poner en forma a Robert. Como una loca se arrojó sobre la cama arrastrando a Robert tras de sí. Cogiéndole los dedos como había hecho con el miembro los fue introduciendo en su boca chupándoselos y mordiéndoselos. Se abrió de piernas y tomándole la polla se la colocó en su raja, moviéndose con tal fuerza que la cama crujía. Por fin había conseguido que Robert la jodiera, después de haberlo intentado toda la tarde.
...Fue entonces cuando Robert se apoderó con la boca de uno de sus pezones y empezó a mamarlo y morderlo como ella había hecho con su pene.
...Mizzie, entonces, exclamó:
-¡Oh!... ¡clávamela! Ah, qué lanza… qué grande y poderosa lanza… empuja con más fuerza… más rápido… aún más rápido… clávamela esta noche… mañana por la mañana… por la tarde… todos los días… siempre… ¡Oh…oh… qué grande y maravillosa polla!
...Robert emitió un gemido y resoplando se corrió. Mizzie por su parte yacía como muerta. Robert aparecía ante nosotros como todo un tío.
...Robert nos explicó que fonicaza desde hacía dos años. Su madrastra le había enseñado. Su padre era inválido y dormía con su madrastra, mientras que Robert tenía por alcoba la cocina. Una noche estaba sentado en un banco de la cocina, y se le acercó su madrastra. Cuando la oscuridad se hacía más densa, empezó a acariciarlo: primero las manos, después la cabeza, los muslos y las piernas, al final le metió la mano dentro del pantalón.
...Pero considero que es mejor contarlo tal y como él nos lo explicó a nosotros los niños.
...“Mi madrastra me metió la mano dentro del pantalón y tocó mi miembro que se había endurecido. Se apartó y, desabrochándose el vestido, colocó mi mano sobre sus pechos desnudos, indicándome cómo debía jugar con ellos y acariciar sus pezones. Me ofreció primero uno de sus pechos, luego el otro, al final tomé ambos y pasamos un buen rato.
...“Sus tetas eran largas y delgadas, tanto que le colgaban hasta casi la cintura. Sus pezones eran grandes y de un color pardo, pero reaccionaban de inmediato a mis caricias. Su respiración se hizo tan fuerte que llegó a oídos de mi padre, el cual gritó:
-“¿Qué está pasando allí?”
-“Nada –respondió ella-, sólo estoy descansando aquí sentada junto a Robert –dijo sin dejar de acariciarme la verga.”
...“Al cabo de un rato, me dejó solo y se fue a la habitación. Durante la noche, cuando mi padre dormía, vi cómo entraba en la cocina vistiendo su camisón, se metió en mi cama, se colocó sobre mí y puso mi lanza en su raja. Inclinándose sobre mí me metió sus pezones en la boca, primero el uno y después el otro. Como os imaginaréis, lo que yo sentía era delicioso. Fue ella la que me enseñó a moverme hacia arriba y abajo. Estuve así “picándola” hasta que se corrió, desplomándose exhausta sobre mi cuerpo.
...“A la noche siguiente, de nuevo nos sentamos en la cocina e iniciamos nuestros juegos el uno con el otro; de la misma forma, cuando mi padre dormía, vino de nuevo y follamos otra vez.
...“Una noche no vino. Yo no podía dormir, sin saber por qué no venía. Me senté en la cama y pude ver, a la luz de la luna, que entraba por la ventana del cuarto de al lado, la cama de ellos. Vi cómo mi madrastra estaba sobre mi padre, que permanecía inmóvil, estaba desnuda totalmente y subía y bajaba sin cesar. Se inclinó sobre mi padre, y le colocó los pezones en la boca, igual que lo había hecho conmigo.
...“Sin dejar de observarle, esperé a que terminaran. La llamé, haciéndola creer que estaba enfermo. Vino a mi cama, se tendió sobre mí y me preguntó qué me pasaba. Creo que se dio cuenta que les había visto trabajar. En seguida me dio sus tetas para que jugara con ellas, se estiró a mi lado, se quitó el camisón y completamente desnuda, me dijo:
-“Esta noche tú te pondrás encima de mí”
...“Así aprendí a hacerlo de esta forma. Nos dedicamos a follar con gran empeño; tanto que hacíamos tal ruido, que despertamos a mi padre, que nos gritó:
-“¿?Qué quiere el chico?”
...“Mi madrastra se quedó quieta un momento y contestó:
-“Me necesita… Ya se siente mejor.”
...“Mi padre volvió a quedarse dormido, y nos aplicamos de nuevo a la tarea. Tuvimos que interrumpirla varias veces porque rodábamos y nos embestíamos con tal furor, que la cama armaba una barahúnda terrible, y teníamos miedo que despertara de nuevo mi padre.
...“Cuando terminamos, mi madrastra quiso gozar un poco más. Como no se me empinaba, me tocó el aparato con la boca y lo chupó. La sensación que sentí fue tan intensa que estuve a punto de gritar. Gracias al tratamiento, mi aparato adquirió de nuevo su dureza y tan pronto como esto ocurrió me hizo sentarme en el banco de la cocina, ella se sentó a horcajadas encima de mí y volvimos a follar de esa manera. Después, se puso el camisón y volvió a su cama.
...“Al día siguiente no me pude levantar, pues tal era mi fatiga después de tan azarosa noche. Mi padre pensó que realmente estaba enfermo.”
...Robert nos explicó cómo durante los dos años anteriores no había dejado de follar regularmente con su madrastra. Nosotros lo contemplábamos con gran admiración y respeto, ya que había sido un buen maestro en el arte de amar.
...Una vez finalizado su relato, todos los demás estábamos tan excitados, que deseábamos continuar el festejo. La idea de colocarnos sobre él nos interesaba considerablemente. Robert también nos explicó que había otras formas de hacerlo, incluso se podía fornicar ensertándole por detrás, ya que él lo había también practicado con su madrastra. Anna y Mizzie expresaron su deseo de practicarlo de este modo, aunque no llegaron a comprender lo que quería decir con eso de joder por la puerta posterior. Quisieron también ensayar el sistema de estar encima de él. Yo también le rogué, pero Robert fue incapaz de enderezar de nuevo su instrumento; en vista del resultado, me conformé con acostarme con Ferdl.
...Fue poco después de esta deliciosa tarde cuando Anna, Ferdl y su padre se mudaron de vivienda, y no volví a verlos durante mucho tiempo.